Alaska: una noche de música, memoria y complicidad en Zamora

 

Hay encuentros que empiezan mucho antes de que se enciendan los focos. El mío con Olvido Gara, Alaska, comenzó alrededor de una mesa, lejos del escenario, en ese territorio más íntimo donde las celebridades dejan por unas horas de ser personajes públicos para convertirse, sencillamente, en personas con las que compartir conversación, anécdotas y comida.

Tuve la oportunidad de comer con Alaska en una jornada que terminaría convirtiendo el recinto ferial de IFEZA en uno de los grandes escenarios musicales de Zamora. Y si algo descubrí durante ese encuentro es que detrás de la Alaska que todos conocemos la artista, la cantante, el icono de la Movida, la mujer que ha atravesado décadas de cultura popular española sin perder su identidad existe también una interlocutora cercana, curiosa y tremendamente consciente del lugar que ocupa en la memoria colectiva de varias generaciones.

Para Zamora Espirit, compartir mesa con Olvido Gara tuvo además un significado especial. No todos los días se tiene delante a una mujer que ha formado parte de la banda sonora sentimental de varias generaciones de españoles.

Y hubo un momento que quisimos convertir en recuerdo para nuestros lectores: Alaska nos firmó una dedicatoria especialmente dirigida a los lectores de la revista. Un pequeño gesto, aparentemente sencillo, pero que adquiere otra dimensión cuando procede de alguien cuya trayectoria forma parte ya de la historia de la música y de la cultura popular española.

IFEZA se prepara para una noche de nostalgia y presente

Horas después de aquella comida, el ambiente era completamente diferente. El recinto ferial de IFEZA se preparaba para una noche que había despertado una enorme expectación en Zamora.

La cita formaba parte de los XXIX Premios de la Fundación Caja Rural de Zamora y tenía un atractivo añadido: después de la gala llegaría una programación musical abierta gratuitamente al público. Las puertas se abrieron a las 21:30 horas y, desde las 22:15, Los Toreros Muertos tomaron el escenario. Después llegaría Fangoria y, una vez terminado el concierto, la Macrodiscoteca Alefrán prolongaría la fiesta hasta la madrugada.

Los Toreros Muertos fueron los encargados de abrir la parte musical. Pablo Carbonell y su banda recuperaron ese espíritu irreverente que les convirtió en protagonistas de la Movida, con canciones capaces de hacer viajar al público varias décadas atrás. Y cuando llegó «Mi agüita amarilla», quedó claro que algunas canciones no necesitan presentación: basta con que empiecen a sonar.

Pero aquella noche tenía un segundo capítulo.

Entonces apareció Alaska

A las 23:45 llegó el momento de Fangoria.

Alaska y Nacho Canut salieron al escenario para demostrar que determinadas canciones no pertenecen únicamente a una época. Pertenecen a varias generaciones.

Desde mi posición, después de haber compartido mesa con Olvido unas horas antes, había una sensación inevitablemente distinta. Sobre el escenario estaba Alaska, sí. Pero también estaba la mujer con la que había conversado alrededor de una mesa.

Y quizá por eso contemplé el concierto de otra manera.

Fangoria desplegó ese universo de electrónica, pop, espectáculo y estética que ha convertido al dúo en uno de los proyectos más reconocibles de la música española. La noche avanzó entre canciones conocidas por prácticamente todo el recinto y, cuando llegó «¿A quién le importa?», IFEZA dejó de ser simplemente el lugar donde actuaba Fangoria para convertirse en una enorme pista de baile. La crónica publicada tras el concierto describe precisamente ese momento como uno de los grandes instantes de la noche, con público de diferentes edades cantando y bailando juntos.

Y ahí estaba la verdadera fotografía de la noche: padres, hijos, nostálgicos de los ochenta y jóvenes que han descubierto esas canciones décadas después compartiendo las mismas letras.

Una dedicatoria para nuestros lectores

Cuando pienso ahora en aquella jornada, me quedo con una imagen que no aparece en ningún escenario.

Una mesa.

Una conversación.

Y una firma.

Olvido Gara dedicando unas palabras a los lectores de Zamora Espirit.

Para una revista que pretende contar Zamora desde sus protagonistas, encontrarse con una figura de la dimensión de Alaska supone mucho más que conseguir una fotografía o una entrevista. Es la posibilidad de acercarse, aunque sea durante unas horas, a una persona que ha formado parte de la historia cultural reciente de nuestro país.

El 25 de septiembre, Zamora tuvo a Fangoria sobre el escenario de IFEZA. Los Toreros Muertos pusieron la irreverencia y Alefrán se encargó de mantener viva la fiesta después del concierto.

Yo, sin embargo, recordaré también lo que ocurrió antes de que se encendieran las luces.

Recordaré haber compartido mesa con Olvido Gara.

Porque detrás de Alaska está Olvido.

Y detrás de la artista que salió aquella noche al escenario para hacer bailar a miles de personas, encontré durante una comida a una mujer con la que Zamora Espirit pudo compartir un momento que ahora queremos compartir también con nuestros lectores.

La música terminó entrada la madrugada.

La dedicatoria, en cambio, se queda con nosotros.