Durante años hemos escuchado titulares contundentes:
"La NASA ya sabe cuándo acabará la vida en la Tierra" o "Los
científicos han descubierto la fecha exacta del fin del planeta". Son
frases llamativas, pero la realidad es mucho más compleja.
Tras revisar estudios científicos publicados durante las
últimas décadas y las investigaciones más recientes sobre la evolución del Sol
y la habitabilidad terrestre, la conclusión es clara: nadie conoce la fecha
exacta en la que desaparecerá toda la vida en la Tierra.
Lo que sí conocen los científicos es el proceso.
El
verdadero enemigo no será un asteroide
Hollywood nos ha acostumbrado a imaginar el final del
planeta provocado por un enorme meteorito, una guerra nuclear o una invasión
extraterrestre.
Sin embargo, para los astrofísicos el escenario más
probable es mucho más lento e inevitable.
El
responsable será nuestro propio Sol.
Aunque hoy lo percibimos como una estrella estable, el
Sol aumenta lentamente su luminosidad a medida que envejece. Ese incremento,
apenas perceptible para nosotros, tendrá consecuencias devastadoras dentro de
cientos de millones de años.
El
principio del fin ya tiene una estimación
Los modelos climáticos y astronómicos más aceptados
indican que el aumento progresivo de la energía solar alterará el delicado
equilibrio del clima terrestre.
Primero disminuirá el dióxido de carbono atmosférico
debido al incremento de la meteorización de las rocas. Sin suficiente CO₂,
las plantas dejarán de realizar la fotosíntesis de forma eficiente.
La desaparición de la vegetación supondrá el colapso de
la cadena alimentaria.
Los primeros ecosistemas complejos comenzarán a
desaparecer cientos de millones de años antes de que los océanos lleguen a
evaporarse.
¿Un
plazo de mil millones de años?
Aquí
aparece uno de los mayores debates científicos.
Durante años, numerosas investigaciones situaban el
colapso definitivo de la biosfera alrededor de 1.000 millones de años en el
futuro.
Sin embargo, estudios más recientes, basados en modelos
climáticos tridimensionales mucho más avanzados, plantean que determinadas
plantas extremadamente resistentes como algunas especies con metabolismo CAM o
C4 podrían prolongar la existencia de la biosfera hasta 1.800 millones de años
aproximadamente.
Es decir, la diferencia entre ambos escenarios supera los
800 millones de años.
Después
llegará un planeta parecido a Venus
Cuando el Sol continúe aumentando su brillo, los océanos
comenzarán a evaporarse lentamente.
El vapor de agua actuará como un potente gas de efecto
invernadero, elevando todavía más la temperatura del planeta en un proceso
conocido como efecto invernadero descontrolado.
Finalmente, la Tierra perderá gran parte de su agua al
espacio y la superficie alcanzará temperaturas incompatibles con cualquier
forma de vida compleja.
¿Y
cuándo morirá realmente la Tierra?
Mucho después del final de la vida, dentro de unos 5.000
millones de años, el Sol agotará el hidrógeno de su núcleo y se transformará en
una gigante roja.
En ese momento su tamaño crecerá de forma colosal. Los
astrónomos consideran probable que Mercurio y Venus sean engullidos. El destino
final de la Tierra todavía presenta incertidumbres: algunos modelos indican que
también podría ser absorbida por la atmósfera solar, mientras que otros apuntan
a que sobreviviría como un planeta completamente estéril en una órbita
alterada.
El titular correcto
Después de analizar las investigaciones disponibles, el titular
más preciso sería este:
La ciencia no conoce la fecha exacta en la que
desaparecerá toda la vida en la Tierra.
Lo que sí conoce es la dirección del reloj cósmico.
La mayor parte de las evidencias indican que la biosfera
terrestre tiene, como mínimo, alrededor de 1.000 millones de años por delante
y, según los modelos más optimistas publicados recientemente, podría mantenerse
hasta cerca de 1.800 millones de años antes de que el aumento de la luminosidad
del Sol convierta nuestro planeta en un mundo incapaz de albergar vida tal y
como la conocemos.
Paradójicamente, el mayor desafío para la humanidad no llegará dentro de mil millones de años. Los riesgos que más preocupan hoy a la comunidad científica —el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la contaminación y el uso insostenible de los recursos— son problemas que se desarrollan en escalas de décadas y siglos. El destino final de la Tierra pertenece a la astronomía; el futuro de nuestra civilización depende, en gran medida, de las decisiones que tomemos hoy.
