Durante
tres días, Zamora dejó de ser únicamente una ciudad histórica bañada por el
Duero para convertirse, una vez más, en la capital española del heavy metal.
Tuve la oportunidad de vivir desde dentro la undécima edición del Z! Live Rock
Fest, celebrada entre el 11 y el 13 de junio de 2026 en el recinto ferial
IFEZA, y comprobar cómo un festival nacido con vocación de cercanía ha
conseguido consolidarse como una de las grandes citas del metal europeo.
Desde mi llegada al recinto percibí una sensación difícil
de explicar para quien nunca ha asistido al festival. Miles de aficionados,
llegados de distintos puntos de España y del extranjero, caminaban por Zamora
luciendo camisetas negras de sus bandas favoritas. El ambiente era festivo,
familiar y, sobre todo, profundamente metalero. No se trataba únicamente de una
sucesión de conciertos; era una comunidad reunida alrededor de una pasión
compartida.
La edición de 2026 reunió un cartel especialmente
potente. El jueves estuvo encabezado por los suecos Opeth y por la actuación
exclusiva en España de Emperor, acompañados por nombres como Bury Tomorrow. La
jornada inaugural dejó claro que el festival seguía apostando por combinar
leyendas consagradas con propuestas contemporáneas.
El viernes el protagonismo recayó sobre Saxon, una de las formaciones más influyentes de la Nueva Ola del Heavy Metal Británico. Compartieron jornada con grupos tan diversos como H.E.A.T., Coroner o Burning Witches, demostrando la amplitud estilística que caracteriza al festival zamorano.
El sábado, último día del evento, el protagonismo pasó a
manos de Epica, junto a Soziedad Alkoholika y Tesseract. La mezcla de estilos,
desde el metal sinfónico hasta el progresivo o el hardcore, volvió a confirmar
una de las señas de identidad del Z! Live: ofrecer una experiencia diversa sin
perder su esencia.
Mientras recorría el recinto, observé uno de los aspectos
que más valoran los asistentes. A diferencia de los grandes macrofestivales
europeos, aquí la cercanía sigue siendo posible. La organización ha mantenido
una política de aforo limitado que permite disfrutar de los conciertos sin las
aglomeraciones extremas habituales en otros eventos del género. Esa decisión ha
contribuido a crear una identidad propia y una experiencia mucho más cómoda
para el público.
A pocos días de la apertura de puertas, la organización
había anunciado que cerca del 90 % del aforo ya estaba vendido, una cifra que
evidencia el crecimiento constante del festival y su consolidación dentro del
calendario musical español. Lo que comenzó hace años como una apuesta
arriesgada en una ciudad alejada de los grandes circuitos musicales se ha
convertido en un referente para miles de seguidores del metal.
Al caer la última noche, mientras las luces del escenario se apagaban y los últimos acordes se perdían en el aire zamorano, tuve la sensación de haber asistido a algo más que un festival. El Z! Live 2026 volvió a demostrar que Zamora ha encontrado un espacio único dentro del panorama musical europeo. Durante tres días, la ciudad respiró metal, convivió con él y lo hizo suyo. Y viendo la respuesta del público, resulta evidente que esta historia está lejos de haber escrito su último capítulo.

