Zamora, la capital mundial del románico: más de veinte iglesias medievales en pleno casco histórico

 

En el noroeste de Castilla y León, junto a las aguas del río Duero, se levanta una ciudad que conserva uno de los patrimonios románicos más importantes del planeta. Zamora, conocida por su imponente legado medieval, reúne en su casco antiguo más de una veintena de templos románicos, convirtiéndose en la ciudad con mayor concentración de este estilo arquitectónico en el mundo.

Construida sobre una estratégica colina en la margen derecha del Duero, Zamora fue durante siglos una plaza clave en la defensa de los reinos cristianos frente al avance musulmán. Su ubicación, entre las históricas comarcas de Tierra del Pan y Tierra del Vino, y su paso obligado dentro de la Vía de la Plata hacia Santiago de Compostela, reforzaron su importancia política, militar y comercial a lo largo de la Edad Media.

Un viaje a la Edad Media entre murallas, iglesias y leyendas

Pese al tamaño reducido de su centro histórico, Zamora concentra un patrimonio monumental excepcional. Iglesias románicas, antiguos palacios, murallas defensivas, museos y una singular catedral convierten la ciudad en un auténtico museo al aire libre.

Recorrer sus calles supone adentrarse en siglos de historia. Los orígenes de la ciudad se remontan a los pueblos vacceos, aunque también existe una estrecha relación con la figura de Viriato, el legendario líder lusitano que desafió al Imperio romano y cuya memoria continúa muy presente en la tradición local.

Durante la dominación romana, el enclave fue conocido como Ocelum Durii, un asentamiento vinculado a la Vía de la Plata que servía como punto estratégico entre Mérida y Astorga. Más tarde llegarían suevos, visigodos y musulmanes, dejando todos ellos huella en la evolución histórica de la ciudad.

Una ciudad marcada por los asedios

La historia de Zamora está profundamente ligada a los conflictos fronterizos medievales. Tras la conquista musulmana en el siglo VIII, la ciudad pasó alternativamente a manos cristianas y árabes durante décadas. Fue Alfonso III quien consolidó definitivamente la repoblación cristiana a finales del siglo IX, reforzando las murallas y asentando población mozárabe procedente de Toledo.

Uno de los episodios más recordados tuvo lugar en el año 901, cuando los defensores zamoranos repelieron un ataque musulmán y exhibieron las cabezas de los caudillos derrotados en las murallas de la ciudad, un episodio que todavía permanece en la memoria popular.

Décadas más tarde, el califa Abderramán III protagonizó un nuevo asedio conocido como el “foso de Zamora”, en el que sus tropas utilizaron los cuerpos de soldados caídos para rellenar los fosos defensivos. Sin embargo, la ciudad resistió nuevamente tras la victoria cristiana en la batalla de Simancas.

También Almanzor dejó su huella en Zamora, conquistándola y destruyéndola parcialmente durante sus campañas hacia Santiago de Compostela a finales del siglo X.

El esplendor medieval de Zamora

Tras la muerte de Almanzor, la ciudad inició una etapa de gran crecimiento. Durante los siglos XI y XII se levantaron buena parte de las construcciones que hoy definen el perfil monumental zamorano: murallas, puentes, iglesias y la emblemática Catedral de Zamora.

El rey Fernando I impulsó decisivamente la reconstrucción y fortificación de la ciudad a partir de 1061, otorgándole además fueros y privilegios. Su hija, doña Urraca, protagonizaría años después uno de los episodios más célebres de la historia medieval española: el asedio de Zamora de 1072.

Aquel enfrentamiento entre Urraca y su hermano Sancho II de Castilla dio origen a la famosa expresión “Zamora no se ganó en una hora”. El conflicto terminó con el asesinato del monarca castellano a las puertas de la ciudad.

Otro acontecimiento histórico de gran relevancia fue la firma del Tratado de Zamora en 1143, acuerdo mediante el cual Alfonso VII reconoció oficialmente la independencia del reino de Portugal.

Del declive al resurgimiento modernista

Aunque la ciudad perdió peso político y económico a partir del siglo XV, Zamora experimentó un nuevo impulso durante el siglo XVIII gracias al apoyo de la Corona.

Ya en el siglo XIX, los habitantes de la ciudad protagonizaron una dura resistencia frente a las tropas napoleónicas durante la Guerra de la Independencia, especialmente en la batalla del puente de Villagodio, donde numerosos zamoranos perdieron la vida.

La recuperación definitiva llegaría entre finales del XIX y principios del XX, cuando la ciudad incorporó destacados edificios modernistas que aún hoy enriquecen su patrimonio arquitectónico.

La capital mundial del románico

Actualmente, Zamora posee uno de los conjuntos románicos mejor conservados de Europa. Sus más de veinte iglesias medievales, muchas de ellas declaradas Bien de Interés Cultural, convierten a la ciudad en un referente internacional para historiadores, arquitectos y amantes del arte medieval.

Pocas ciudades pueden presumir de reunir tal cantidad de patrimonio románico en un espacio tan reducido. Por ello, Zamora no solo es considerada una joya histórica de Castilla y León, sino también la capital mundial del románico.