Alice Neel, orgullosa retratista expresionista
"Lo
primero es la gente"
Neel definió su trabajo con estas letras: “Tanto en política como en la vida siempre me han gustado los perdedores, los marginados. Fue el olor a éxito lo que nunca me gustó”. Testigo siempre de la vida, en los márgenes de las situaciones, Alice Neel nace el 28 enero de 1900 en Pensilvania, Estados Unidos, en el seno de una familia bien de dinero y con prestigiosos y conocidos antepasados. Tuvo una educación repleta de valores conservadores, en contra de los que se posicionaba. Desde un primer momento, Neel se alejó de la influencia represiva de su familia, que odiaba todo lo que tenía que ver con los artistas.
Alice Neel resumía una vida que abarca desde 1900 hasta
1984, que la hacía Reina del suglo, un referente por todos esos años en
propiedad. Humanista insaciable, tremenda y luchadora, trabajando siempre en
contra del pensamiento dominante. Gustaba de retratar la maternidad, lesbianas
y homosexuales, negros, pobres, la desnudez en la edad adulta. Esa era su
inclinación en la temática de su arte.
"Yo soy el siglo", era su frase, asentada en el radicalismo humanista, amante de las personas, sus formas y colores de sus ropas. Días antes de morir, en 1984, deja que su amigo, el fotógrafo Robert Mapplethorpe, la retrate con los ojos cerrados. “No tengo miedo a la muerte", decía, dejándonos su herencia universal. No quería que nos perdiéramos nada de ella, de su ser.
No se ponía límites para tener hijos siempre que amara,
con el hombre que estuviera bien, llegaba el retoño y si se iba, no importa,
Neel, buscaba otros brazos. Amó a los hombres y a los seres, principalmente sin
privilegios, para ser retratados e inmortalizados, pero también usaba su imagen
como reclamo. La sociedad merecía un cambio.
En 1921 entró a estudiar en el Philadelphia School of Design for Women, en la que su enseñanza se vería influenciada por la pintura realista de la vida diaria. Unos dos años más tarde, en un curso de verano en Chester Springs, conocería a Carlos Enríquez, un artista cubano que compartía con ella los mismos ideales de rebeldía bohemia contra el mundo burgués de sus progenitores. Después de un romance loco y apasionado, Neel y Enríquez se casarían en Cuba y tendrían una hija llamada Santillana del Mar. De su estancia en esta hermosa isla y de la obra de su marido Enríquez, se llevaría la mentalidad alegre latina y también una muy colorida paleta, que sin embargo tardaría en introducir por miedo a fracasar con ella.
En 1930, pinta un desnudo de su compañera Ethel Aston,
gorda y pensativa, algo inclinada y reflexiva, ofreciendo al espectador una
imagen incómoda de la feminidad. Una imagen alejada de los deseos masculinos.
Explora en estos años, una representación para nada afable del cuerpo femenino
y de la maternidad: la angustia en el momento del parto, la deformación
evidente del cuerpo, los múltiples sentimientos y emociones que atraviesa un
cuerpo cuando se encuentra en espera de un hijo.
La complicada situación económica junto a Enríquez les llevó a tener que volver a casa de sus padres en bastantes ocasiones. Por ello su retrato de la realidad tampoco excluye la representación de la pobreza, el hambre, el cansancio, la lucha firme y la muerte. A los tres años de edad, la hija de ambos, Santillana del Mar, muere por difteria y Neel entra en un periodo depresivo que la llevó a estar ingresada en Psiquiátricos. Enríquez opta por abandonarla al verla en ese estado. Su arte evoluciona junto a los eventos traumáticos de su vida: “Cuba había activado permanentemente su radicalismo; sus experiencias devastadoras en los hospitales psiquiátricos, ese encierro le había dado un profundo conocimiento de primera mano de la fragilidad psicológica. El colapso, ansiedad y la depresión habían reforzado su sentido innato de la conciencia social, de que el hombre/mujer, eran lo primero, lo fundamental, el centro del universo.
Junto a Kenneth Doolittle, activista marxista que participaría en la Guerra Civil española, se introdujo de lleno en el marxismo. En 1935 se unió al Partido Comunista con la premisa de que los seres humanos debían ser todos tratados por igual. De 1932 a 1933, participó en media docena de espectáculos, incluido su memorable debut en la primera exposición de arte al aire libre en Washington Square. De esa época destacan enormemente algunos cuadros que denuncian la pobreza como consecuencia de la gran depresión, la alienación de los obreros al salir de sus trabajos y la violencia policial.
Su relación con Doolittle terminó de manera abrupta
cuando él, en un ataque de celos, destruyó varias de sus obras, Neel adolorida
por la pérdida, se trasladó al barrio del Spanish Harlem en 1938. Allí,
conocerá al cantante José Santiago Negrón, que la abandonará una vez Neel se
quedara embarazada. En 1940, iniciará una relación más estable con el cineasta
Sam Brody, con el que criará a su hijo Hartley, hijo de Negrón. Su profundo
entusiasmo por la vida humana, su paso por la tierra y sus condiciones, le
llevó a seguir apostando por el realismo y la figuración, sin preocuparse por
las corrientes abstractas que estaban ganando terreno.
Tuvo la capacidad de globalizar lo que hasta entonces fuera patrimonio de las clases altas: el retrato. La observación brillante de los sujetos que hace Neel abarca todas las razas, sexos y edades, retratando a las familias vecinas y reivindicando la representación de sus vidas.
En 1943 retrató el maltrato que sufría una vecina del
barrio, Peggy, a manos de su pareja, Aef Grattama. En el lienzo vemos una mujer
que no intenta cubrirse el rostro magullado por los golpes, los brazos huesudos
y torcidos, mostrando la miseria y la tristeza de la situación.
A lo largo de la década de los años 70, cuando la segunda
ola feminista comenzaba a despuntar en Estados Unidos, el arte de Alice Neel
comenzó a ser más valorado. En sus últimos años también cabe destacar su apoyo
a la comunidad LGTB, la ternura y la crudeza de sus representaciones se observa
en los impresionantes retratos que hace de las feministas Irene Pesliskas y
Kate Millet. Ya entre los años de 1964 y 1987 pintó desnudos de embarazadas.
Otra de sus temáticas candentes.
Peregrina Varela







