Geyperman
A mediados del siglo XX, en pleno auge de la industria
juguetera global, surgió un fenómeno que marcaría la infancia de toda una
generación en España: el muñeco de acción Geyperman. Esta figura articulada,
que hoy se ha convertido en objeto de culto para coleccionistas, no nació de la
nada, sino que forma parte de una historia más amplia de juguetes de acción a
escala real.
Orígenes
y contexto internacional
El antecedente inmediato de Geyperman fue G.I. Joe,
lanzado por la empresa estadounidense Hasbro en 1964 como una de las primeras
figuras de acción modernas y diseñado para ofrecer a los niños un muñeco
masculino con múltiples uniformes y accesorios. Esta línea, concebida
inicialmente con temática militar, se expandió rápidamente por Europa a través
de licencias: en el Reino Unido se comercializó como Action Man, mientras que
en España adoptó el nombre de Geyperman bajo licencia de Hasbro.
El
fenómeno en España
Fue en 1975 cuando Industrias Geyper introdujo Geyperman
en el mercado español, aprovechando la popularidad que este tipo de figuras ya
tenía en otros países y adaptándola al gusto local. La empresa, fundada por el
empresario Antonio Pérez Sánchez y conocida también por productos como los
Juegos Reunidos o walkie-talkies infantiles, logró con Geyperman un impacto
notable entre los niños de la década de 1970 y principios de los 80.
La figura de Geyperman se caracterizaba por su tamaño de
unos 30 cm y un buen número de puntos de articulación, lo que permitía vestirla
con una diversidad de uniformes soldado, explorador, buzo, motorista o incluso
atuendos del Lejano Oeste y dotarla de numerosos accesorios: armas, vehículos,
mochilas y herramientas que alimentaban la imaginación de quienes jugaban con
ellas.
Evolución
y declive
Durante su distribución en España, Geyperman no fue solo
una réplica de modelos foráneos: su producción incorporó variaciones propias,
como distintos tipos de cuerpos y moldes entre finales de los años 70 y
principios de los 80, diferenciándose en detalles como el tono de piel y el
diseño de articulaciones respecto a sus equivalentes británicos o
estadounidenses.
Sin embargo, la línea fue perdiendo fuerza con el tiempo
debido a cambios en las preferencias de los consumidores y al aumento de los
costes de fabricación. Finalmente, la producción original cesó a principios de
la década de 1980, dejando tras de sí un legado que décadas más tarde sería
reivindicado por nostálgicos y coleccionistas.
El
legado y coleccionismo
Con el paso de los años, Geyperman ha trascendido su
condición de simple juguete para convertirse en una pieza importante dentro del
coleccionismo retro. El interés por estas figuras clásicas ha llevado incluso a
reediciones limitadas en el siglo XXI, y son habituales en ferias y mercados
especializados en juguetes antiguos junto a otros iconos de la infancia como
Madelman o Airgamboys.
Hoy,
más de cuarenta años después de su aparición, Geyperman sigue evocando la
imaginación de quienes lo tuvieron en su infancia y fascinando a nuevas
generaciones que buscan comprender por qué este muñeco articulado se grabó tan
profundamente en la memoria colectiva.


