Aquellos Maravillosos Años




Blandiblú: el juguete viscoso que conquistó a una generación

 

Por un instante, basta con pronunciar una sola palabra para despertar decenas de recuerdos: Blandiblú. Quienes crecieron entre finales de los años setenta y buena parte de los ochenta recordarán aquella masa verde, pegajosa y aparentemente inútil que, sin embargo, consiguió convertirse en uno de los mayores fenómenos comerciales de la historia del juguete.

Lo sorprendente es que el Blandiblú no nació como un juguete. Su historia comienza varias décadas antes, durante la Segunda Guerra Mundial.

Un descubrimiento accidental

En 1943, el ingeniero estadounidense James Wright, que trabajaba para General Electric, buscaba desarrollar un sustituto sintético del caucho, un material estratégico cuya escasez preocupaba a la industria militar. Durante sus experimentos mezcló aceite de silicona con ácido bórico y obtuvo una sustancia elástica, viscosa y sorprendentemente resistente.

El invento no servía para fabricar neumáticos ni piezas industriales, por lo que fue archivado. Sin embargo, años después el empresario Peter Hodgson vio posibilidades comerciales en aquella extraña masa y comenzó a venderla en Estados Unidos bajo el nombre de Silly Putty, convirtiéndola en un juguete de enorme éxito.

Mattel convierte un experimento en un fenómeno

En 1976, la empresa Mattel lanzó una nueva versión denominada Slime. A diferencia del Silly Putty, esta masa era mucho más líquida, de un llamativo color verde fluorescente y se comercializaba dentro de un pequeño recipiente con forma de cubo de basura.

La presentación no era casual. Todo el producto giraba en torno a lo desagradable: parecía un enorme moco, era frío al tacto y se estiraba formando hilos interminables. Precisamente esa apariencia repulsiva fue la clave de su éxito entre los niños.

La llegada a España

Poco después, el juguete llegó al mercado español de la mano de Congost, filial de Mattel en nuestro país, que adaptó el nombre comercial a Blandi Blub, aunque popularmente acabaría pronunciándose simplemente como Blandiblú.

Su desembarco coincidió con una España que empezaba a abrirse al consumo moderno. Los anuncios aparecían en televisión y en los catálogos de juguetes, mostrando a niños completamente fascinados manipulando aquella sustancia verde.

No era un juguete educativo.

No desarrollaba habilidades.

No tenía reglas.

Y precisamente por eso resultaba irresistible.

El juguete que desesperaba a los padres

Si los niños adoraban el Blandiblú, los padres lo detestaban.

Su consistencia hacía que terminara pegado en paredes, muebles, techos, ropa o alfombras. Además, tenía otra característica poco práctica: actuaba como un imán para el polvo, los pelos y cualquier suciedad del suelo.

Bastaba una caída para que aquella masa verde quedara prácticamente inutilizable.

Con el paso del tiempo también perdía humedad, endureciéndose hasta convertirse en un bloque sin elasticidad. Muchos niños intentaban recuperarlo lavándolo con agua y jabón, aunque rara vez volvía a ser el mismo.

Mucho más que un simple moco verde

El éxito fue tan grande que Mattel comenzó a utilizar el Slime como accesorio en otras líneas de juguetes. Apareció asociado a personajes de He-Man y los Masters del Universo y posteriormente a las Tortugas Ninja, donde representaba sustancias mutantes o residuos tóxicos, muy acordes con la estética fantástica de la época.

¿De qué estaba hecho?

La fórmula original utilizaba principalmente polímeros de silicona junto con compuestos derivados del ácido bórico, además de colorantes y otros aditivos que proporcionaban elasticidad y viscosidad.

Con el paso de los años las formulaciones fueron modificándose para adaptarse a nuevas normativas de seguridad y reducir el empleo de determinados componentes químicos presentes en las primeras versiones comerciales.

El regreso del "slime"

Aunque el nombre Blandiblú prácticamente desapareció de las tiendas españolas durante los años noventa, el concepto nunca murió.

A partir de 2016 el slime volvió a convertirse en un fenómeno mundial gracias a YouTube, Instagram y TikTok. Millones de vídeos mostraban cómo fabricar masas viscosas caseras de todos los colores, con purpurina, espuma o efectos fluorescentes.

Lo que para muchos niños actuales es una moda viral, para quienes crecieron hace más de cuatro décadas no deja de ser el regreso de un viejo conocido.

Un icono de la infancia

Hoy un bote original de Blandi Blub forma parte de numerosas colecciones de juguetes retro y despierta una enorme nostalgia entre quienes vivieron la infancia durante la Transición española.

Porque, aunque nunca sirvió para construir nada, resolver un problema o aprender una habilidad, el Blandiblú consiguió algo mucho más difícil: convertirse en un símbolo generacional.

Pocas veces un simple "moco verde" ha dejado una huella tan profunda en la memoria colectiva.